Le dije al reloj que quiero parar, que éste barco ya no me lleva a buen puerto y que este proveedor se pasó de la línea con los precios.

Me cansé de aguardar un cambio y decidí cambiar por mis medios. Me harté de oler a margaritas y de comer chatarra. Ya no quiero volver a la misma banca ni contar las mismas anécdotas. Ya no quiero reiterar la historia porque la memoria sufre cólicos de tan sólo acaparar lo vivido. Me cansé de ir a ritmo extraño y vivir el engaño.

Es tiempo de nuevos colores…

No sé si realmente esto es lo que quiero, -se dijo a sí misma-
Quizás no quiero ser cómplice de la rutina y el status quo, no quiero ser un modelo de comparación ni un ejemplo de reflexión ni inflexión. En ocasiones no quiero salir y tampoco quiero figurar. No quiero nutrirme de apariencias ni ser “señora de”. No le pertenezco a nadie ni nadie me pertenece. No tengo apetito de titularidad ni reconocimiento porque el mayor consentimiento lo tiene la cosecha. No evalúo rituales para vanagloriar acciones ni fracciono el deseo de enviar todo a que retorne por el caudal que vino. No, no temo al destino ni a la furia de los grandes. No tomo decisiones en razón de la canción ajena ni toco melodías procedentes de una ley suprema. No diagramo el crucigrama en base al drama del qué dirán ni corto las mañanas para tomar café. No, no creas que le temo al corto procedimiento de las habladurías ni que entreno el corazón para someterse a un molde prediseñado… Es decir, vivo acorde al latir del corazón y dejo fluir, es decir, combato la desazón de ser un peón del emblema, un soldado de plomo de aquellos que simpatizan a muchos pero carecen de alma. No cargo con prejuicios ni vanas aflicciones… Me patinan los conceptos categóricos y no pienso ser una muestra de porcelana. Tengo rayones, errores y cometo más errores que aciertos. Se torna dificultoso ser una máscara intacta con el corazón quebrado y las ganas poco resueltas. Qué desdicha no ser en lugar de parecer.

Me quedo con el lujo de ser lo que soy y no lo que tendría que ser. Porque la historia no se escribe de posibilidades, sino que se nutre de realidades.
Y yo soy una realidad. Y pues, si no lo quiero, no lo acepto. Y si no lo acepto, lo quito. Porque no estoy hecha para sonreír 24/7 ni para corresponder a quién no lo merece. Estoy hecha para fallar. Porque mi piel no es de porcelana y mi cabello crece si lo corto. Porque existe una nueva hora, un nuevo amanecer y una canción propia.
Porque la mejor historia… Es la que se está escribiendo. Y las huellas se dibujan donde nadie pisó… No dónde todos conocen.

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A veces olvidamos la esencia del ser, la cual se halla en las cosas sencillas.

Descuidamos el sentido de nuestros pensamientos, que luego se traducen en hechos consecuentemente sin sentido, al azar, carentes de rumbo y determinación.

Guardamos en algún lugar, bastante escondido y bajo seguridad, lo más bello que nos caracteriza: la autenticidad.14876498_1798720713718354_1502057734389685091_o

La dejamos porque no nos consideramos suficientemente buenos frente a lo que queremos alcanzar, creemos que hay que deslumbrar, conformar a alguien más, y en ese viaje sin retorno se pierde lo más preciado: el brillo de la originalidad.

No está mal mostrar hasta los defectos, son ellos los encargados de demostrar rastros de imperfección. Lo que está mal es fingir, intentar atraer, acaparar, llamar la atención de forma forzada. Lo cual logra quitarte la energía y te aleja de tu “yo” más sincero.

No he visto conquistador a largo plazo que se disfrace ni admiraciones permanentes que no caigan en desilusión, tampoco expectativas cumplidas al pie de la letra ni esperas que guarden concordancia con la realidad.

Creo más conveniente aguardar el altercado del riesgo, la sorpresa misma que suele causar tanto temor… lo curioso es que ese regalo, sin importar su envoltorio, siempre contiene más de lo que creemos “merecer”

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Lo certero es que el poder de la autenticidad lleva a que todo lo realizado brote del corazón por el caudal de la pasión.

Llegar a buen puerto no es resultado de conspiraciones sino consecuencia de almas transparentes que disfrutan navegar, sea en el medio que sea, desaprendiendo de cada ocasión el aspecto más útil, sea del polo negativo o positivo.

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El corazón sabe más de lo que aparenta.

La mente sabe más de lo que cree.

Ambos, en sintonía con el alma, rompen cualquier cerrojo e impactan de la manera más simple: desde el amor mismo gestado en el día a día.

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La esencia del ser se encuentra en las cosas sencillas. Ni más lejos, ni más cerca. Sólo hay que acercarse sin tanta pretensión ni agonía.

Se halla más por descuido que por intención.

Y como siempre digo: Todo está ahí. El secreto es aprender a mirar.

Las situaciones, las penas, los amores, la rutina, el mal, la rabia, la insolencia.

Todo pasa.

Pasa la moda, el momento, la disciplina, la ley, los estragos y las malas pasadas.

Pasa el olvido, el recuerdo, las lágrimas, la nota desafinada, las estaciones, las verdades que parecían incorruptibles.

Pasa la luz por la ventana y atraviesa la habitación hasta llegar al primer escalón.

Pasan las noticias, los desacuerdos, los dolores, los corazones rotos y los sinsabores.

Pasa todo lo que quieras dejar pasar.

Sólo pasa para enseñar.

Pasa para mostrarte que hay cosas inmutables como la vida, que se resume, a veces, en un instante.

Qué no importa todo lo que pueda pasar, sólo importa lo que pueda perdurar.

Qué debías atender a los asuntos importantes en lugar de los urgentes.

Qué a veces la mejor decisión es esperar.

Qué debes separar lo externo de lo interno para que tu corazón no sufra la obscenidad de sobre información ni alarmantes sin fundamentos.

Qué la fe es eterna y perdura. No es un recurso, sino un estandarte.

Qué la confianza es irrevocable sin perjuicio de quien busque dañarle.

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Siempre habrá un milagro por ocurrir.

Siempre habrá una esperanza espiando por la hendija de la puerta.

Siempre habrá una luz en el horizonte esperando amanecer.

Siempre habrá algo que dejar para poder avanzar.

Todo pasa.

Equilibrarse, aunque sea sólo un poco.

A veces uno desea vivir dos vidas para no tener que elegir entre blanco o negro.

A veces el estimulo momentáneo genera corrosión permanente.

A veces la respuesta se encuentra en la preguntaFB_IMG_1491191804265

Y quizás, sólo quizás, nunca sepas el porqué.

A veces las circunstancias provocan heridas.

A veces los desencantos provocan cicatrices.

A veces el matiz de tu rostro se vuelve oscuro, otras tantas se vuelve claro.

A veces, muchas veces, el tono de tu voz se quiebra como las hojas que el otoño deja desparramadas por allí.

A veces, el olvido juega a las escondidas con tu memoria, y muchas veces, gana el olvido. Equilibrarse, aunque sea un poco. Aunque la balanza tire para abajo, aunque las agujas del reloj giren en sentido contrario, aunque el sol se esconda, aunque te apaguen la luz… Siempre hay un nuevo comienzo, suelen decir.

La esperanza persiste por encima de todo.

Nunca perder la fe, nunca dejar de intentar.

Nunca aparentar que todo esta mal.

Nunca aparentar que todo esta bien.

Porque el día que comenzamos a aparentar es cuando inicia el desgaste del alma.

Equilibrarse, ni un poco ni mucho.

Si mi esencia se encuentra con mi apariencia quizá le pregunte que fue de ella, ¿dónde quedó aquella transparencia que hacía lucir tu rostro de la más plena alegría? ¿dónde quedó el brillo de tus ojos, al pregonar la felicidad que alberga en tu alma? quizá, por alguna de esas casualidades tan asertivas, le diría que deje de parecer ya que su condición de unicidad y existencia le demanda ser por encima de un concepto errado proveniente de muchas bocas alineadas a un mismo despropósito. Podría, también, hacerle en un espacio en el banco de un parque y preguntarle ¿ya no miras los rayos de sol atravesar las nubes, las hojas, tu cabello? ¿ya no observas a los demás, sus particularidades, detalles y diferencias? ¿olvidaste sonreír al ver una flor colorear el marrón de la tierra seca? ¿ya no lees libros intentando tapar el sol que encandila tus pupilas? Sólo, tal vez, dejaste de lado la incongruencia de la vida en forma de apariencia. Los envases vacíos que únicamente eran envases, y nada más. No hay historias. No hay particularidades. No hay vida. Tan solo existencia. Puede que, probablemente, tu mente deje de lado la gente, que el problema se vuelva la solución y que la insolvencia del ser se aleje de tu mano derecha. Así es como uno vuelve. Como reaparece. Como renace, pero en una forma distinta; como si de una versión mejorada se tratase.

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Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida.

​No te preocupes por aquellos que buscan aparejarse a tu condición, ni por los que compiten contra tus logros para superarte; considera que la vida no es una carrera contra segundos, ni terceros

Que aquellos que buscan acelerar en pos de su ego, se estrellarán contra si mismos. 

Considera que ellos no podrán adquirir de un día para otro tu experiencia, conocimientos, aprendizajes, tus fracasos, tus éxitos… 

Ellos podrán visualizar lo que luces por fuera, pero el tiempo que dedicaste a edificarte, formarte, caerte, levantarte, soñarte, revestirte una y otra vez y dejar de lado la prisa opresora, los papeles que arrojaste al techo por no tener nada que decir, las canciones que escuchaste en medio del caos de la ciudad, aislándote del murmullo habitual, recreando historias, tratando de encontrar respuestas, y hallando interrogantes… eso sí que no lo ve nadie más que tú. 


Al final del ejercicio, lo que descalifica la gente, es lo que pretende alcanzar su burdo intelecto, que busca la salida más fácil para conseguir su cometido sin esfuerzo alguno, más que la emisión de un par de críticas alegóricas. 

Ellos querrán adquirir tu brillo, esa solapa de luz que pudo surgir de escombros, porque fuiste capaz de resucitar lo que muchos creían sin esperanza de vida. 

Nadie conoce en carne propia a qué sabe la caída. 

En el mundo polulan seres tal inhumanos que sólo son capaces de admirar la luz para absorberla… pero jamás, jamás, lo admitirán. Porque su ego es más fuerte. Sólo querrán poseer, sin desarrollar la capacidad de producirlo por sí mismos. Y luego lo criticarán… por no conseguir lo pretendido

Esa es la dosis de humanidad que habita en el mundo actual. Esa es la cuota de gloria efímera bajo la que se esconden quienes existen, por existir.

En reiteradas ocasiones, pocos confiarán en ti. En tu idea, proyecto, objetivo, sueño o lo que sea que te propongas alcanzar. 

Aunque suene extraño, toda adversidad te prepara para ir por ello. 

A pesar de que todo lo soñado parezca alejarse, cada obstáculo que nubla tu objetivo fue puesto para ser derribado. Porque si no lo hicieras, serías uno más de aquellos que decidieron quedarse al otro lado del riesgo, sólo por no dar el paso que los separaría de lo conocido y combatir el reto de ir más allá. 

Sólo los valientes toman la promesa, los cobardes se quedan en su sofá de cognoscibilidad. 

Por ese motivo hallarás pocas personas que te apoyarán en el camino que escojas seguir.

En el camino de lo conocido hay mucho tránsito.

Cierta vez tuve un sueño… vi como una multitud formaba fila para alcanzar lo que querían, su promesa, objetivo, su sueño… ¿el problema? Todos aquellos dependían de alguien más para alcanzarlo. Quienes formaban fila creían que su sueño se encontraba en manos ajenas. Cada cual se encontraba en una posición característica e idéntica: parados, de brazos cruzados, algunos con cajas de cartón insípidas en sus manos, las cuales contenían condiciones y expectativas que serían entregadas a quien poseía potestad de sus propios objetivos y metas. Sus ropas eran lisas y clásicas, de esas que hacen que uno pase desapercibido. Algunos conversaban entre sí, otros lucían indiferencia, ansiedad e impaciencia… porque alguien más tenía su “tesoro”, su “logro” en manos, y ellos sólo podían aguardar en pasividad, cual asalariado que espera por su dinero a principio de mes, teniendo su remuneración en manos desconocidas. 

A su misma vez, hubo un eslabón que quebró la cadena, uno que fue en contra de la multitud y rompió el esquema. Ese “UNO” que fue más allá, prosiguió a salir del estatus. Se salió de la fila, con cierta dosis de temor, pero su confianza fue más grande, entendió que él era el único dueño de su sueño, y no alguien más. Muchos quisieron detenerlo, en su afán por no cometer equivocaciones, y no poder regresar a la fila. Pero él detuvo la espera, corrompió el sistema, dejó su caja fuera de juego, detuvo la espera, corrió el velo, quebró la regla y se animó a alcanzar en minutos lo que otros aguardan por tiempos vacíos, en absoluta pasividad, tan sólo produciendo quejas, opiniones absurdas y comentarios acerca de lo que creen no poder cambiar, relegándose a su destino predilecto. 

Pero él, dejó atrás todo lo establecido, no sólo luchando por su sueño, sino también contra la corriente. Porque su enfoque era uno, y él fue tras aquello. 

Considero que la vida se trata de ser ese “UNO” que visualizó más allá, quebrando cerrojos, rompiendo el estereotipo y alcanzando lo que otros consideran imposible.